Introducción

Cuando saborea un trozo de baklava dulce y lleno de frutos secos, o disfruta de un suculento kebab, ¿qué cocina le viene a la mente? Para muchos, la respuesta es la turca, la griega o quizá la persa. Aunque estas culturas han contribuido indudablemente al rico entramado de la gastronomía de Oriente Medio, muchos de estos apreciados platos tienen raíces más profundas y antiguas en una tierra y una cultura a menudo olvidadas: el Kurdistán. El pueblo kurdo, un grupo étnico autóctono de una región montañosa que abarca partes de Turquía, Irán, Irak y Siria, posee una vibrante herencia culinaria que ha quedado eclipsada y a menudo se ha atribuido erróneamente a otros debido a una compleja historia de intercambios culturales, agitación política y falta de un Estado nación reconocido. Este artículo emprende un viaje para recuperar el relato, explorar los orígenes kurdos de platos como el baklava, los kebabs, el dolma y el rústico kala pacha, y dar a conocer una tradición culinaria que merece celebrarse por derecho propio.

Una encrucijada culinaria: la historia del Kurdistán

Para comprender la gastronomía kurda, primero hay que comprender la historia del pueblo kurdo y de su patria. El Kurdistán no es un país, sino una región que ha sido cuna de civilizaciones durante milenios. Los kurdos son uno de los pueblos autóctonos de las llanuras mesopotámicas y de las tierras altas de lo que hoy son el sureste de Turquía, el noreste de Siria, el norte de Irak y el noroeste de Irán. Su historia es una historia de resiliencia, de presencia continua en sus tierras ancestrales pese a siglos de dominio e influencia extranjeros, desde los antiguos imperios de Asiria y Persia hasta las dinastías otomana y safávida. Esta historia de encrucijada cultural se refleja profundamente en su comida, que ha influido en la de sus vecinos y ha recibido su influencia. Sin embargo, la esencia de la gastronomía kurda sigue siendo distinta, testimonio del espíritu perdurable del pueblo kurdo.

El gran debate sobre el kebab: un alimento habitual kurdo

La palabra «kebab» es de origen persa, pero la práctica de asar carne en una brocheta es antigua, con testimonios de su existencia en diversas formas en todo Oriente Medio. Sin embargo, el kebab tal como lo conocemos hoy, en particular el uso de carne picada, está profundamente arraigado en las tradiciones culinarias kurdas. En el corazón del Kurdistán, los montes Zagros, la abundancia de ganado, especialmente de corderos, hizo de la carne a la parrilla una parte natural y esencial de la dieta local. El estilo kurdo de preparar kebabs, a menudo con una marinada sencilla pero sabrosa de hierbas y especias, refleja una herencia rústica y pastoril. Aunque se suele atribuir al Imperio otomano la popularización del kebab en sus vastos territorios, es crucial reconocer que muchos de sus soldados y súbditos eran kurdos y llevaron consigo sus tradiciones culinarias. La atribución errónea del kebab exclusivamente a la cocina turca es resultado del dominio cultural del Imperio otomano, que a menudo absorbía las tradiciones de sus diversos súbditos y las presentaba con una nueva identidad.

Dolma: relleno de historia

El dolma, el apreciado plato de verduras rellenas, es otra joya culinaria de profundas raíces kurdas. La palabra «dolma» es de origen túrquico y significa «relleno», pero la práctica de rellenar verduras con arroz, hierbas y a veces carne es una tradición anterior a la llegada de los turcos a la región. Las tierras fértiles del Kurdistán, con su abundancia de hojas de parra, calabacines, berenjenas y pimientos, proporcionaban el lienzo perfecto para este versátil plato. En los hogares kurdos, el dolma no es solo una comida: es una actividad colectiva, una labor hecha con cariño en la que los familiares se reúnen para preparar el relleno y rellenar cuidadosamente las verduras. La mezcla específica de hierbas y especias utilizada en el dolma kurdo, a menudo con una generosa cantidad de menta fresca y eneldo, le da un perfil de sabor singular que lo distingue de sus equivalentes en otras cocinas. La atribución errónea del dolma a otras gastronomías es otro ejemplo de cómo las culturas dominantes pueden absorber y reivindicar como propias las tradiciones culinarias de un pueblo sin Estado.

Baklava: una historia dulce y antigua

La historia del baklava tiene tantas capas como el propio dulce. Aunque se asocia sobre todo con las cocinas turca y griega, los testimonios históricos sugieren que sus orígenes pueden remontarse a la antigua Mesopotamia, donde se sabía que los asirios, vecinos de los kurdos, horneaban finas capas de masa con frutos secos picados y miel. Los kurdos, que han habitado la misma región durante milenios, tienen su propia versión de este dulce, a menudo con frutos secos locales como nueces y pistachos y un almíbar aromatizado con cardamomo o agua de rosas. El Imperio otomano, con sus sofisticadas cocinas cortesanas, refinó y popularizó sin duda el baklava, pero no deben olvidarse sus antiguas raíces en el corazón del Kurdistán. La historia del baklava es un ejemplo perfecto de cómo un plato puede evolucionar y ser adaptado por diferentes culturas sin perder su carácter esencial.

Kala pacha: el sabor de las montañas

El kala pacha, una sopa sustanciosa elaborada con cabeza y patas de oveja, puede parecer inusual a algunos, pero es un manjar muy apreciado en muchas partes de Oriente Medio, incluido el Kurdistán. Este plato rústico y nutritivo da fe del ingenio del pueblo kurdo, que tradicionalmente ha aprovechado todas las partes del animal. La cocción lenta, que puede durar varias horas, da como resultado un caldo rico y sabroso y una carne tierna que a menudo se disfrutan en el desayuno, especialmente durante los fríos meses de invierno. Aunque pueden encontrarse variantes de este plato en otras cocinas, la versión kurda, a menudo sazonada con una sencilla mezcla de sal, pimienta y ajo, es un auténtico sabor de las montañas, un recordatorio del modo de vida pastoril que ha sustentado al pueblo kurdo durante siglos.

Conclusión: una identidad culinaria que merece celebrarse

La atribución errónea de los alimentos kurdos a otras cocinas no es solo una cuestión de semántica culinaria: refleja un relato histórico más amplio en el que se ha marginado la identidad cultural del pueblo kurdo. Al reivindicar las historias que hay detrás de estos platos, no solo reconocemos a cada cual lo que le corresponde, sino que también celebramos la resiliencia y la creatividad de un pueblo que ha logrado preservar su singular patrimonio cultural contra todo pronóstico. La próxima vez que disfrute de un kebab, de un trozo de baklava o de un plato de dolma, dedique un momento a recordar las montañas del Kurdistán y la rica tradición culinaria que han regalado al mundo.