La defensa de los derechos kurdos en Siria e Irak debería basarse en la seguridad, la libertad política y la dignidad de las personas. El mismo criterio debe aplicarse a los asirios y otras comunidades. Las disputas sobre el gobierno local, las fuerzas armadas o el futuro de los territorios pueden criticarse con claridad, incluso con firmeza. Sin embargo, atribuir la conducta de un partido, un comandante o un escritor a todo un pueblo impide juzgar con precisión. Este artículo sostiene que la solidaridad con el pueblo kurdo se fortalece cuando también se reconocen los derechos de sus vecinos.

Afrin: criticar a actores concretos y proteger a los civiles

En su informe del 14 de junio de 2018, Human Rights Watch atribuyó la incautación, el saqueo y la destrucción de bienes de civiles kurdos en Afrin a grupos del Ejército Sirio Libre respaldados por Turquía. Entrevistó a propietarios desplazados y examinó fotografías de propiedades en dos casos, y señaló a Ahrar al-Sharqiya y Jaysh al-Sharqiya. El informe también recogió la negación de responsabilidad de Ahrar al-Sharqiya y su declaración de que se había detenido a varios sospechosos. Estas conclusiones se refieren a los hechos y actores concretos investigados. Informe de Human Rights Watch sobre los bienes de civiles en Afrin.

Para quienes defienden los derechos kurdos, las cuestiones centrales deberían ser la devolución de bienes, el examen de las denuncias y la rendición de cuentas de los actores responsables. La etnia de un testigo o de un crítico no sustituye a las pruebas. Tampoco la oposición de alguien a una organización kurda demuestra, por sí sola, que apoye los abusos contra los civiles. La crítica a posiciones que ignoran los derechos kurdos debería identificar la declaración y su contexto y permitir una respuesta. Generalizar las acusaciones a los asirios desvía la atención de la responsabilidad de los autores concretos.

Irak: la rendición de cuentas forma parte de la defensa del autogobierno

El informe de Human Rights Watch de noviembre de 2009 sobre los territorios en disputa de Nínive documentó presiones sobre las minorías para que declararan sus lealtades políticas, junto con detenciones arbitrarias e intimidación por parte de las autoridades kurdas. Al examinar los asesinatos de cristianos en Mosul en 2008, no halló pruebas de participación kurda directa. Estas dos conclusiones deben leerse juntas: las violaciones documentadas deberían investigarse, mientras que no deberían aceptarse acusaciones que vayan más allá de las pruebas. Este informe histórico no puede describir automáticamente las condiciones actuales. En terreno vulnerable, Human Rights Watch.

Para los partidarios del autogobierno kurdo, aceptar el escrutinio independiente de la conducta de los funcionarios puede reforzar la credibilidad de las instituciones elegidas. Los ciudadanos asirios deberían poder presentar quejas sobre propiedades, escuelas, lengua o fuerzas de seguridad sin que se espere de ellos que abandonen su identidad. Los ciudadanos kurdos deberían gozar de la misma libertad al tratar con cualquier autoridad local o central. Criticar a una administración no niega los derechos de las personas a las que gobierna; los funcionarios no deberían eludir la rendición de cuentas refugiándose tras el nombre de una comunidad.

Identidad, elección y participación

La declaración de las Naciones Unidas de 1992 sobre los derechos de las personas pertenecientes a minorías nacionales o étnicas, religiosas y lingüísticas destaca la protección de sus identidades y el libre disfrute de su cultura, religión y lengua. También reconoce la participación efectiva y los contactos libres y pacíficos entre personas pertenecientes a minorías. La biblioteca de derecho internacional de las Naciones Unidas explica que la declaración no es en sí misma vinculante, pero ofrece un marco para examinar los derechos de las minorías. La declaración sobre los derechos de las minorías y la explicación de las Naciones Unidas.

Por tanto, el debate político no debería convertirse en una competición para establecer la autenticidad de una comunidad o desacreditar la ascendencia de otra. Ningún ciudadano debería tener que aceptar un relato histórico rival para gozar de seguridad y participación. La investigación del pasado tiene su lugar, pero los derechos humanos actuales no deberían depender de su resultado. Las reivindicaciones para preservar la lengua kurda son compatibles con la preservación de la lengua y la cultura asirias. Una política justa debería dar a ambas espacio para expresarse y elegir.

La cobertura mediática debería distinguir con claridad las noticias documentadas, las afirmaciones atribuidas y la opinión de un autor. Una imagen de origen no verificable, un relato anónimo o una cita despojada de su contexto no bastan para atribuir violencia a una comunidad. Este artículo propone centrarse en la institución que toma las decisiones, la fecha del hecho, las pruebas que puedan evaluarse y el derecho de respuesta. La seguridad de la vida, la igualdad de acceso a los servicios y la libertad de oposición pacífica para todos deberían ser el criterio para el futuro de las relaciones kurdo-asirias.

Nota editorial: esta versión se reescribió utilizando las fuentes enlazadas. La crítica política se limita a afirmaciones concretas y documentadas; se han eliminado las generalizaciones étnicas, las alegaciones no verificadas y las imágenes no verificadas.