Explicación de historia kurda

Sykes-Picot y la división del Kurdistán

Cómo se trataron las tierras kurdas como zonas imperiales y no como una patria, y por qué el acuerdo secreto de guerra sigue siendo importante en la historia kurda actual.

Acuerdo de 1916
Zonas británicas y francesas
El Kurdistán dividido
De Sèvres a Lausana

El argumento central

El Acuerdo Sykes-Picot no trató al Kurdistán como la patria de un pueblo. Las tierras kurdas se contemplaron como montañas, rutas petroleras, ferrocarriles, fronteras, corredores militares y territorio de negociación entre potencias más fuertes.

Por qué importa

Sykes-Picot no creó por sí solo todas las fronteras modernas, pero ayudó a establecer la mentalidad imperial que posteriormente hizo posible la división del Kurdistán entre Turquía, Irak, Siria e Irán.

Una patria reducida a zonas de colores

El acuerdo hablaba de zonas de influencia, no de los derechos de los pueblos. El Kurdistán existía sobre el terreno, pero no aparecía como una patria política unificada en el mapa imperial.

Esfera francesaIntereses occidentales y septentrionales

Francia buscaba influencia en Siria, Cilicia y partes del norte de Mesopotamia, incluidas zonas próximas a las regiones kurdas.

Esfera británicaMesopotamia y las rutas

Gran Bretaña se centraba en Basora, Bagdad, la ruta hacia la India, el golfo Pérsico y, finalmente, la región de Mosul, rica en petróleo.

Reivindicaciones rusasAnatolia oriental

Rusia reivindicaba zonas como Van y Bitlis, tierras habitadas por kurdos, armenios, asirios y otros pueblos.

Una patria ignoradaEl Kurdistán

La sociedad, la lengua y la geografía kurdas eran reales, pero el autogobierno kurdo no fue el punto de partida del acuerdo.

¿Qué fue el Acuerdo Sykes-Picot?

El Acuerdo Sykes-Picot fue un pacto secreto de guerra entre Gran Bretaña y Francia, con la aprobación rusa, para la futura división de las tierras bajo control otomano si los Aliados ganaban la Primera Guerra Mundial. Dividió gran parte del Oriente Medio otomano en zonas de control directo, control indirecto e influencia.

El acuerdo no utilizaba el lenguaje de la autodeterminación. Hablaba de colores y zonas: zonas británicas, zonas francesas, reivindicaciones rusas y disposiciones internacionales. Era un mapa de intereses imperiales, no de pueblos.

La patria kurda, que se extendía por Anatolia oriental, el norte de Mesopotamia, los Zagros y los cursos altos del Tigris y el Éufrates, no aparecía como una única unidad política. Las regiones kurdas quedaban dispersas entre distintas esferas proyectadas.

La tragedia kurda de Sykes-Picot

El Kurdistán existía sobre el terreno, en la lengua, la memoria, la geografía y la sociedad, pero las potencias imperiales no lo reconocían como una patria con un futuro político propio.

El Kurdistán antes de Sykes-Picot

Antes de la Primera Guerra Mundial, el Kurdistán no era un Estado independiente moderno, pero sí una región histórica y geográfica real. Durante siglos habían existido emiratos kurdos, confederaciones tribales, órdenes religiosas, ciudades, distritos montañosos y comunidades rurales a ambos lados de las fronteras otomana y persa.

Los otomanos gobernaban a menudo las regiones kurdas a través de gobernantes locales, jefes tribales y dirigentes religiosos. Emiratos kurdos como Bitlis, Botan, Hakkari, Baban, Ardalan y Soran habían desempeñado un papel destacado en la historia regional. Incluso después de que la centralización otomana debilitara estos emiratos, la identidad kurda y la autoridad local mantuvieron su fuerza.

A finales del siglo 19 y principios del 20 crecía la conciencia política kurda. La revuelta del jeque Ubeydullah, el primer periódico kurdo, Kurdistan, y las posteriores organizaciones kurdas muestran que los kurdos no eran un pueblo sin historia. Eran un pueblo atrapado entre imperios en descomposición y proyectos nacionales en ascenso.

Cómo dividió Sykes-Picot las tierras kurdas

Kurdistán septentrional y oriental

Las reivindicaciones rusas en Anatolia oriental

En el norte y el este se prometieron a Rusia importantes territorios de Anatolia oriental, incluidas zonas como Van y Bitlis. Eran tierras históricamente mixtas habitadas por kurdos, armenios, asirios y otros pueblos. Las reivindicaciones nacionales kurdas no se tomaron como principio organizador.

Regiones kurdas occidentales

La influencia francesa y las zonas fronterizas

Al oeste y al suroeste, la esfera proyectada para Francia incluía territorios en torno a Siria, Cilicia y el norte de Mesopotamia. Las regiones kurdas se abordaron como territorio fronterizo vinculado a una estrategia imperial francesa más amplia, no como una patria.

Kurdistán meridional

Los intereses británicos en Mesopotamia

Gran Bretaña se centraba en Mesopotamia, Bagdad, Basora, el acceso al golfo Pérsico, la ruta hacia la India y, posteriormente, la región petrolera de Mosul. El Kurdistán meridional cobró importancia por su valor estratégico y económico, no porque Gran Bretaña quisiera la autodeterminación kurda.

Mosul: la cuestión kurda clave

La región de Mosul se convirtió en una de las partes más importantes de la cuestión kurda de posguerra. El antiguo valiato otomano de Mosul incluía Mosul, Kirkuk y Sulaymaniyah, zonas con grandes poblaciones kurdas y una profunda importancia histórica para los kurdos.

Durante la guerra, Mosul figuraba en los cálculos franceses bajo Sykes-Picot. Sin embargo, tras el Armisticio de Mudros de 1918, las fuerzas británicas ocuparon Mosul. Esto cambió el futuro del Kurdistán meridional.

Mosul no era una provincia más. Era la puerta de paso entre el Irak árabe, las montañas kurdas, Anatolia, Persia y Siria. También adquirió una importancia creciente por su petróleo. Gran Bretaña quería incorporar Mosul al nuevo Estado iraquí que estaba construyendo bajo su influencia.

Para los kurdos, esto fue devastador. En vez de convertirse en la base de un Estado kurdo, el Kurdistán meridional quedó incorporado al Reino de Irak respaldado por Gran Bretaña. Las consecuencias marcaron todo el siglo 20: revueltas kurdas, políticas de arabización, disputas por Kirkuk, el genocidio de Anfal y la posterior lucha por la autonomía kurda.

La contradicción con la autodeterminación

Después de la Primera Guerra Mundial, el lenguaje de la autodeterminación cobró fuerza. Los Catorce Puntos de Woodrow Wilson prometían que los pueblos no turcos bajo dominio otomano tendrían seguridad y una oportunidad de desarrollo autónomo. Los nacionalistas kurdos lo vieron como una posible apertura.

Pero había una contradicción. En público, el acuerdo de posguerra hablaba de autodeterminación. En privado, Gran Bretaña y Francia ya habían negociado zonas de influencia. El pueblo kurdo quedó atrapado entre la promesa de derechos nacionales y la realidad de la negociación imperial.

Esta contradicción explica por qué las esperanzas kurdas aumentaron tan intensamente después de la guerra. Los representantes kurdos creían que el derrumbe del Imperio otomano podría permitir que el Kurdistán surgiera como una entidad política autónoma o independiente. Sin embargo, las grandes potencias no consideraron prioritaria la autodeterminación kurda.

De Sykes-Picot a Sèvres y Lausana

1916

El acuerdo Sykes-Picot

Las tierras kurdas se trataron como partes de los cálculos imperiales británicos, franceses y rusos. El Kurdistán no fue reconocido como una sola patria con un único futuro político.

1920

Tratado de Sèvres

Sèvres ofreció a los kurdos su mayor momento de reconocimiento internacional. Los artículos 62, 63 y 64 crearon un mecanismo de autonomía local kurda y posible independencia, pero el tratado nunca se aplicó.

1923

Tratado de Lausana

Lausana sustituyó a Sèvres, reconoció las fronteras de la moderna República de Turquía y no incluyó disposiciones de autonomía kurda. El Kurdistán desapareció del acuerdo definitivo de los tratados.

Por qué Sykes-Picot fue importante para los kurdos

  • Ignoró al Kurdistán como patria. Las tierras kurdas eran visibles sobre el terreno, pero invisibles como unidad nacional en el acuerdo.
  • Dividió las regiones kurdas en esferas de influencia. Las comunidades kurdas quedaron repartidas entre los cálculos rusos, franceses y británicos.
  • Ayudó a dar forma al sistema de mandatos. El Irak británico y la Siria francesa situaron a las comunidades kurdas dentro de nuevos Estados que no se construyeron en torno al autogobierno kurdo.
  • Convirtió a Mosul en objeto de negociación. El futuro del Kurdistán meridional se decidió en gran medida en función de los intereses estratégicos y económicos británicos.
  • Simbolizó la traición más amplia a la autodeterminación. Las esperanzas kurdas despertadas por Wilson, Sèvres y el derrumbe otomano fueron posteriormente aplastadas por Lausana.

¿Fue Sykes-Picot la única razón de la división del Kurdistán?

No. Esto es importante.

Sykes-Picot no fue la única causa de la división del Kurdistán. La patria kurda ya llevaba siglos dividida entre los imperios otomano y persa. Después de la Primera Guerra Mundial, muchos acontecimientos dieron forma a la división definitiva: la retirada rusa, la Guerra de Independencia turca, la política británica en Irak, el control francés en Siria, la centralización iraní, la falta de aplicación de Sèvres y el triunfo de Lausana.

Pero Sykes-Picot sigue siendo importante porque revela cómo pensaban las grandes potencias sobre la región. No partían de la pregunta: «¿Qué quieren los pueblos de la región?». Partían de esta otra: «¿Qué imperio controlará cada zona?».

El legado kurdo de Sykes-Picot

El legado de Sykes-Picot todavía se percibe hoy. Los kurdos de Turquía quedaron atrapados dentro de un Estado que negó la identidad kurda durante gran parte del siglo 20. Los kurdos de Irak libraron guerras reiteradas por la autonomía y la supervivencia. A los kurdos de Siria se les negaron durante décadas la ciudadanía, los derechos lingüísticos y el reconocimiento político. Los kurdos de Irán afrontaron centralización, represión y levantamientos reiterados.

Los distintos Estados produjeron experiencias kurdas diferentes, pero el problema de fondo era parecido: una nación quedó dividida por fronteras que no había elegido.

Por ello, la historia kurda no puede entenderse únicamente a través de las fronteras de las actuales Turquía, Irak, Siria e Irán. Esas fronteras son estructuras políticas modernas. La sociedad, la lengua, la memoria y la geografía kurdas son anteriores a ellas.

Sykes-Picot no borró a los kurdos

Borró al Kurdistán del mapa de la diplomacia internacional. El pueblo permaneció. La patria permaneció. Pero el acuerdo imperial se negó a tratarlo como una cuestión nacional.

Conclusión: una patria tratada como frontera

Sykes-Picot no fue simplemente una línea en un mapa. Fue una manera de ver Oriente Medio.

Gran Bretaña y Francia no abordaron las tierras kurdas como la patria de un pueblo. Eran corredores montañosos, zonas petroleras, barreras militares, rutas ferroviarias, distritos fronterizos y monedas de cambio. El acuerdo redujo sociedades vivas a zonas de colores.

Por eso Sykes-Picot sigue siendo tan importante en la memoria kurda. Marcó una etapa en la transformación del Kurdistán de antigua patria en problema político dividido. Contribuyó a crear las condiciones para que Sèvres pudiera prometer la autonomía kurda, Lausana pudiera borrarla y el Oriente Medio moderno pudiera construirse a espaldas del pueblo kurdo.

La tragedia de Sykes-Picot no consiste solo en que se trazaran mal las fronteras. Consiste en que un pueblo fue tratado como geografía y no como nación.

Legado: Sykes-Picot no creó todas las fronteras, pero reveló la lógica imperial que dio forma a la división del Kurdistán: las tierras kurdas se trataron como zonas estratégicas y no como la patria de una nación.